Cuando esta mañana he visto a Satur entrar en el supermercado con su nueva silla motorizada, he corrido por el pasillo paralelo para verle con cara de velocidad asombrar y asustar a la clientela.
Hace unos meses Satur era un hombre triste. Por la mañana le dejaban en una esquina soleada sentado en su silla de ruedas hasta que le recogían a la hora de comer.
Pero ahora... ¡que grande eres, Satur!
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